Gijón es la ciudad más grande de Asturias y su cara más marinera y desenfadada. No es una ciudad de grandes monumentos: es una ciudad de playa urbana, paseo marítimo, barrio de pescadores y sidrerías, con un pasado romano y un presente industrial reconvertido en cultura. Se disfruta caminando junto al Cantábrico, y en un día se ve lo esencial con holgura.

Cimadevilla, el barrio viejo

Cimadevilla es el casco antiguo, encaramado en la península de Santa Catalina entre dos puertos y dos playas. Antiguo barrio de pescadores, hoy es la zona de más ambiente, con casas de colores, tabernas y plazas.

Subiendo se llega al Cerro de Santa Catalina, un parque en lo alto de la península coronado por el Elogio del Horizonte, la gran escultura de hormigón de Eduardo Chillida (1990), convertida en símbolo de la ciudad. Tiene una particularidad: si te colocas en su centro, la forma cóncava amplifica el sonido del mar como una caracola gigante. Las vistas sobre el Cantábrico y la ciudad son las mejores de Gijón.

En Cimadevilla están también la Plaza Mayor, el Palacio de Revillagigedo y la Colegiata de San Juan Bautista.

La curiosidad: la ciudad romana bajo la plaza

En pleno Cimadevilla, bajo la plaza del Marqués y sus alrededores, se conservan las Termas Romanas de Campo Valdés, del siglo I-IV, descubiertas en 1903 y musealizadas bajo el nivel de la calle.

Gijón fue la romana Gigia, un asentamiento amurallado en la península. Lo curioso es cómo la ciudad ha ido apareciendo por sorpresa: cada vez que se excava en el casco antiguo surgen restos, y hoy se pueden visitar las termas, un tramo de la muralla romana y la villa de Veranes en las afueras. Una ciudad que parecía solo marinera resulta tener casi dos mil años de historia enterrada bajo los pies, y la mayoría de sus propios habitantes lo descubrió hace poco más de un siglo.

La playa de San Lorenzo y el Muro

La playa de San Lorenzo es una de las mejores playas urbanas de España: un arenal de más de un kilómetro en pleno centro, con un paseo marítimo, el Muro, que es el salón al aire libre de los gijoneses. Con marea baja la playa se hace enorme; con marea alta casi desaparece.

Pasear el Muro de punta a punta, con los surfistas en el agua y la ciudad al fondo, es el plan gijonés por excelencia. En el extremo este está la Universidad Laboral, el edificio más grande de España, una ciudadela monumental de la posguerra hoy convertida en centro cultural.

El puerto deportivo y el Acuario

Entre Cimadevilla y la ciudad nueva está el Puerto Deportivo, rodeado de terrazas y sidrerías, uno de los mejores sitios para el aperitivo. Cerca, en la escollera, está el Acuario de Gijón, uno de los mejores del norte, y el Jardín Botánico Atlántico algo más alejado.

Comer y beber en Gijón: la sidra

Gijón es capital sidrera, y aquí la sidra se vive con intensidad. Se pide por botella, se escancia desde lo alto (el camarero levanta la botella sobre la cabeza y deja caer el chorro en el vaso para airearla) y se bebe el culín de un trago.

La zona: Cimadevilla y la Ruta de los Vinos (calle Santa Lucía y aledaños), llena de sidrerías. Para comer:

  • Fabada asturiana.
  • Cachopo, los dos filetes rellenos y empanados de raciones imposibles.
  • Pixín (rape), pulpo y pescado del Cantábrico.
  • Quesos asturianos (Cabrales, Gamonéu) y arroz con leche.

Cada agosto, Gijón celebra la Fiesta de la Sidra Natural, con un escanciado simultáneo multitudinario que suele batir récords Guinness.

La Laboral y los museos

Merece la pena acercarse a la Universidad Laboral de Gijón, en las afueras: el edificio más grande de España, una ciudadela monumental de mediados del siglo XX construida como orfanato y escuela para hijos de mineros, con una torre de 130 metros —la más alta de Asturias— a la que se sube por vistas. Hoy es la Laboral Ciudad de la Cultura, con centro de arte, teatro y un curioso ambiente entre lo grandioso y lo austero.

En el mismo entorno está el Museo del Pueblu d'Asturies, un museo etnográfico al aire libre con hórreos, casas tradicionales y el Museo de la Gaita, con instrumentos de todo el mundo. Y en el centro, la Casa Natal de Jovellanos, dedicada al ilustrado gijonés más universal.

El error que arruina la visita

Venir solo por la playa un día de mal tiempo. Gijón es una ciudad de exterior —paseo marítimo, cerro de Santa Catalina, puerto—, y con la típica lluvia persistente del Cantábrico se pierde buena parte de su encanto. Si el pronóstico es malo, reorganiza el día hacia interiores: las termas romanas, la Laboral, el Acuario o alguna sidrería con calma.

Y no des por hecho que en agosto podrás bañarte sin más: el agua del Cantábrico rara vez pasa de los 20 grados y las galernas pueden estropear una tarde de playa en cuestión de minutos.

Cuándo ir

Clima atlántico: lluvia frecuente todo el año y temperaturas suaves. El verano es la mejor época para disfrutar de la playa, aunque el agua del Cantábrico está fría siempre. Lleva chubasquero incluso en agosto.

En verano la ciudad se llena de veraneantes del interior y de festivales. La Semana Grande (agosto) y el FICX (Festival de Cine, en noviembre) son las citas fuertes.

Si te queda otro día

Oviedo, a 25 minutos, con el prerrománico. Avilés, con el Centro Niemeyer. Los Picos de Europa y los Lagos de Covadonga, a hora y media. Y la costa: Lastres, Ribadesella y las playas de Rodiles y Vega para surf.