Alicante es una ciudad de escala humana con una ventaja difícil de igualar: tiene una playa urbana de arena a cinco minutos del centro y un castillo sobre una montaña de 166 metros con vistas de toda la bahía. Todo cabe en un día tranquilo, sin prisas y con tiempo de bañarse.
Es también una de las ciudades más soleadas de Europa, con más de 300 días de sol al año y un invierno suave que la hace visitable en cualquier mes.
El castillo de Santa Bárbara
Domina la ciudad desde lo alto del monte Benacantil. Es una fortaleza de origen musulmán —del siglo IX— muy ampliada en época de Felipe II, con tres recintos escalonados de distintas épocas.
La entrada al recinto es gratuita. Lo que se paga es el ascensor que sube por el interior de la montaña desde un acceso frente a la playa del Postiguet: son 205 metros de túnel horizontal y luego el ascensor vertical. También se puede subir andando por la ladera (unos 30-40 minutos) o en coche por la carretera trasera.
Desde arriba se ve la bahía completa, el puerto, la isla de Tabarca en días claros y el trazado del casco antiguo a los pies.
La curiosidad: la cara del moro
Mira el monte Benacantil desde la playa del Postiguet o desde el mar, no desde el centro. El perfil de la roca dibuja con bastante nitidez un rostro humano mirando al cielo: la frente, la nariz, los labios y la barbilla. Los alicantinos lo llaman la Cara del Moro.
La leyenda que lo acompaña cuenta la historia de la princesa Cantara, hija de un caudillo musulmán, y de dos pretendientes: Almanzor, que trajo la sal del mar, y Alí, que trajo el agua dulce de las montañas. La joven eligió a Alí, y cuando este murió, ella se arrojó desde lo alto del monte. La roca habría quedado con el rostro del enamorado mirando eternamente hacia arriba.
Es pura tradición popular, por supuesto, pero una vez que la ves ya no puedes dejar de verla. Y explica por qué la ciudad tiene tantos negocios llamados «Cantara» o «Benacantil».
El barrio de Santa Cruz
A los pies del castillo está el barrio de Santa Cruz, el casco antiguo: casas bajas encaladas, macetas de colores en las fachadas, callejones estrechos y escalinatas. Es pequeño y se recorre en media hora, pero es la zona con más encanto de la ciudad.
Sube hasta la ermita de Santa Cruz por las escaleras y date la vuelta: la vista de los tejados con el mar detrás compensa la cuesta.
Cerca están la Concatedral de San Nicolás, con un claustro renacentista tranquilo, y la Basílica de Santa María, la iglesia más antigua de la ciudad, construida sobre la antigua mezquita, con una portada barroca muy trabajada.
La Explanada de España
El paseo más famoso de Alicante y probablemente el más fotografiado: 6,6 millones de teselas de mármol rojo, crema y negro forman un ondulado que imita las olas, bajo una bóveda de palmeras.
Se recorre en diez minutos, pero merece la pena hacerlo despacio y sentarse. Por las tardes hay puestos de artesanía y músicos, y en verano conciertos en el templete.
Al final está el puerto deportivo y el paseo hasta el Real Club de Regatas, con marisquerías y terrazas frente a los barcos.
Comer en Alicante
Aquí se come arroz, y la variedad es mayor de lo que la fama de la paella valenciana deja ver:
- Arroz a banda, hecho con caldo de pescado y servido sin el pescado, que se come aparte.
- Arroz del senyoret, con todo el marisco ya pelado.
- Caldero, más caldoso, típico de la zona.
- Coca amb tonyina, una empanada plana de atún y piñones.
- De postre, turrón de Jijona, que se hace a 25 km de aquí.
Un consejo: los arroces se comen al mediodía y muchos sitios los preparan por encargo con antelación. El Mercado Central, un edificio modernista de 1921, es buen sitio para ver producto y picar algo.
Tarde: playa y museo
La playa del Postiguet está pegada al centro, bajo el castillo. Es cómoda pero se llena; si buscas más espacio, la playa de San Juan, a 15 minutos en tranvía, es mucho más amplia y con mejor arena.
Si prefieres interior, el MARQ (Museo Arqueológico Provincial) ha ganado premios europeos por su museografía, y el MACA (arte contemporáneo) tiene obra de Dalí, Miró, Picasso y Chillida en un edificio del siglo XVII. Ambos son pequeños y se ven en una hora.
Cómo moverte
- El centro, Santa Cruz, la Explanada y el Postiguet están todo a pie, en un radio de 15 minutos.
- El TRAM (tranvía) conecta con la playa de San Juan y sigue por la costa hasta Benidorm y Dénia: es un trayecto bonito y barato.
- El aeropuerto está a 10 km, con autobús directo al centro.
- Ir en coche al casco antiguo es incómodo; hay parkings junto al puerto.
Cuándo ir
Alicante funciona todo el año, pero conviene saber dos cosas.
En agosto la ciudad y las playas están saturadas y los precios suben. Y del 20 al 24 de junio se celebran las Hogueras de San Juan, la fiesta grande: se plantan monumentos artísticos por la ciudad y se queman la última noche, con la playa llena de gente y verbenas hasta el amanecer. Es espectacular, pero no es un buen momento para una visita tranquila.
Los mejores meses son mayo, junio (antes de las hogueras), septiembre y octubre, con el mar todavía templado.
Si te queda otro día
La isla de Tabarca, a 45 minutos en barco desde el puerto: la única isla habitada de la Comunidad Valenciana, con reserva marina y aguas transparentes. Guadalest, un pueblo encaramado en una roca hacia el interior. Y Villajoyosa, con sus casas de colores frente al mar y una fábrica de chocolate con museo.