Peñíscola es una de las estampas más espectaculares del Mediterráneo español: una ciudad amurallada de casas blancas trepando por un peñón rocoso que se adentra en el mar, coronada por un castillo templario. La llaman "la Ciudad en el Mar" porque el promontorio está casi rodeado de agua, unido a tierra solo por una estrecha franja de arena. Pequeña, fotogénica y con mucha historia, se ve muy bien en un día, combinando el casco antiguo con la playa.
El casco antiguo amurallado
El casco antiguo de Peñíscola es un laberinto de callejuelas empinadas, blancas y floridas, que suben en zigzag por el peñón hasta el castillo. Casas encaladas, arcos, escalinatas, macetas y, a cada giro, una ventana al mar azul.
Se accede por el Portal Fosc o por las puertas de las murallas renacentistas que Felipe II mandó reforzar. Perderse por estas calles, sin prisa, subiendo hacia lo alto, es la mejor forma de disfrutar Peñíscola. Es un conjunto tan bonito que ha servido de escenario a numerosas películas y series, desde El Cid de Charlton Heston hasta Juego de Tronos, que rodó aquí la ciudad de Meereen.
La curiosidad: el Papa que murió creyéndose Papa
El Castillo de Peñíscola, construido por los Templarios entre 1294 y 1307 sobre la antigua alcazaba árabe, es el monumento estrella. Pero su fama se debe a un personaje extraordinario: Benedicto XIII, más conocido como el Papa Luna.
Durante el Cisma de Occidente, la cristiandad llegó a tener dos y hasta tres papas a la vez, cada uno reconocido por distintos reinos. El aragonés Pedro Martínez de Luna fue elegido papa en Aviñón, pero cuando el Concilio de Constanza (1417) depuso a todos los papas para poner fin al cisma y eligió a uno solo, el Papa Luna se negó a renunciar. Se refugió en el castillo de Peñíscola, que convirtió en sede pontificia, y desde esta roca siguió considerándose el único papa legítimo hasta su muerte en 1423, con más de 90 años.
Suya es una de las frases más célebres de la terquedad histórica: se dice que se mantuvo firme "como el papa Luna", y de ahí vendría la expresión popular. Aislado, excomulgado y abandonado por casi todos, murió en Peñíscola convencido de tener la razón. Aún se conservan su estudio, la sala donde guardaba su biblioteca —una de las mejores de su tiempo— y la basílica. Visitar el castillo es recorrer el escenario de una de las historias más tercas y fascinantes de la Edad Media.
El castillo y las vistas
Además de la historia, el castillo del Papa Luna ofrece las mejores vistas de toda la costa: desde sus terrazas y almenas se domina el Mediterráneo en 360 grados, con el casco antiguo a los pies, la playa extendiéndose hacia el norte y el horizonte marino por todos lados. Es de estilo sobrio, casi militar, muy templario, sin lujos, y esa austeridad forma parte de su encanto. La visita incluye el Parque de Artillería y los jardines colgantes con miradores.
Las murallas, el faro y el bufador
Rodeando el casco antiguo, las murallas renacentistas ofrecen un agradable paseo con el mar rompiendo abajo. En lo alto está el faro de Peñíscola, y en la parte que da al mar abierto se encuentra el Bufador, una grieta natural en la roca por la que, con mar de fondo, el agua y el aire suben con fuerza produciendo un bufido característico. La leyenda local dice que conecta con una cueva por la que se escapó el Papa Luna.
El paseo marítimo y la playa
A los pies del peñón, el paseo marítimo bordea la larga Playa Norte, un extenso arenal de arena fina y aguas tranquilas, una de las mejores playas de la Comunidad Valenciana, con bandera azul. La estampa del castillo y el casco blanco sobre el mar desde la playa es la imagen icónica de Peñíscola.
Al otro lado del peñón, la Playa Sur y calas más pequeñas y rocosas para bucear.
Comer en Peñíscola
Cocina marinera del Maestrazgo y la costa de Castellón:
- Suquet de peix y all i pebre, guisos de pescado.
- Arroces: arroz a banda, arroz negro, paella marinera.
- Pescado y marisco de la lonja de Peñíscola y Benicarló.
- Alcachofas de Benicarló (DOP), tiernísimas, en temporada de invierno.
- Langostinos de Vinaròs, muy apreciados.
El casco antiguo concentra la oferta, aunque en zonas muy turísticas conviene elegir con criterio.
Cuándo ir
Peñíscola tiene clima mediterráneo suave y muchas horas de sol. El verano es temporada altísima: el casco antiguo se llena y la playa también, con precios elevados. Primavera y otoño son ideales, con buen tiempo, temperatura agradable para el baño en septiembre y mucha menos gente.
En invierno es un destino tranquilo y muy fotogénico. No te pierdas, si coincides, el festival de cine y series de comedia o las fiestas patronales de septiembre.
Si te queda otro día
Morella, a 45 minutos, uno de los pueblos amurallados más bonitos de España, en la montaña del Maestrazgo. Benicarló y Vinaròs, con sus lonjas y productos del mar. Y el Delta del Ebro, algo más al norte, un paraíso de arrozales y aves.