Londres es tan grande que un día apenas roza la superficie. La buena noticia es que los iconos que todo el mundo quiere ver están concentrados a lo largo del Támesis, y eso permite hacer una ruta coherente sin cruzar la ciudad de punta a punta.

Y hay una ventaja enorme respecto a otras capitales: los grandes museos son gratuitos. Eso cambia por completo el presupuesto de la jornada.

Westminster

Empieza en la estación de metro Westminster, que te escupe justo a los pies del Big Ben. Una precisión que casi nadie tiene clara: Big Ben es el nombre de la campana, no de la torre. La torre se llama Elizabeth Tower desde 2012.

Enfrente está el Palacio de Westminster, sede del Parlamento, y al lado la Abadía de Westminster, donde se corona y se entierra a los monarcas británicos desde hace casi mil años. La entrada es cara pero la abadía es impresionante; si no entras, al menos rodéala.

Cruza el puente de Westminster para la foto clásica y, si quieres, súbete al London Eye, la noria de 135 metros. Es caro y consume una hora larga entre cola y vuelta: valóralo.

Del Támesis a la Torre

Baja por la orilla sur, el South Bank, uno de los mejores paseos de la ciudad: teatros, puestos de libros de segunda mano bajo el puente de Waterloo y músicos callejeros.

Pasa por el Borough Market, mercado gastronómico desde el siglo XIII, perfecto para comer temprano y bien: quesos ingleses, ostras, curry, pasteles de carne.

Cruza luego el Tower Bridge —el puente levadizo neogótico que todo el mundo confunde con el London Bridge— y llega a la Torre de Londres, fortaleza, palacio y prisión durante novecientos años. Aquí se guardan las joyas de la corona y aquí fueron ejecutadas dos de las esposas de Enrique VIII. La visita completa pide dos horas; los guías Yeoman Warders (los "beefeaters") hacen tours incluidos y son excelentes.

La curiosidad: los cuervos que sostienen el reino

En la Torre de Londres viven siempre al menos seis cuervos, con un cuidador oficial —el Ravenmaster— dedicado exclusivamente a ellos.

La razón es una superstición que se toma muy en serio: la leyenda dice que si los cuervos abandonan la Torre, la Corona caerá y con ella el reino. Se atribuye a Carlos II, que en el siglo XVII habría ordenado protegerlos cuando el astrónomo real se quejó de que le estropeaban las observaciones.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los bombardeos alemanes redujeron la población a un solo cuervo. Se cuenta que Churchill, que era muy consciente del valor simbólico del asunto, ordenó reponer la colonia antes de reabrir la Torre al público.

Hoy hay siete —seis obligatorios más uno de repuesto—, tienen nombre propio, se les recortan ligeramente las plumas de un ala para que no puedan alejarse y comen carne cruda y galletas empapadas en sangre. Algunos han sido despedidos por mala conducta: en 1981 uno llamado George fue "destituido" por destrozar antenas de televisión y desterrado a Gales.

Los museos gratuitos

Aquí es donde Londres gana a cualquier otra capital. Todos estos tienen entrada libre:

  • British Museum: la piedra Rosetta, los mármoles del Partenón, momias egipcias. Es inabarcable; con 90 minutos ves lo esencial.
  • National Gallery: pintura europea, en Trafalgar Square.
  • Tate Modern: arte contemporáneo en una antigua central eléctrica junto al río.
  • Museo de Historia Natural y Science Museum: imprescindibles si viajas con niños.

Con un solo día, elige uno. El British si quieres historia; la National Gallery si quieres pintura y estar en el centro.

Buckingham y los parques

El Palacio de Buckingham solo se visita por dentro en verano. El resto del año, lo que se ve es el cambio de guardia, que no es diario: consulta el calendario oficial antes de ir, porque mucha gente se planta allí un día que no toca.

Detrás está St James's Park, el más bonito del centro, con pelícanos que viven allí desde 1664. Enlaza con Green Park y Hyde Park.

Covent Garden y Soho

Termina el día en Covent Garden, con su mercado cubierto y los artistas callejeros que actúan con licencia municipal, o en el Soho y Chinatown, la zona de restaurantes, teatros y vida nocturna.

Si te apetece un musical del West End, mira las taquillas TKTS de Leicester Square: venden entradas del mismo día con descuentos importantes.

Comer en Londres

La cocina británica lleva décadas mejorando y hoy Londres es una de las capitales gastronómicas del mundo:

  • Fish and chips, mejor en un local especializado que en un pub turístico.
  • Sunday roast si vas en domingo: asado con pudin de Yorkshire.
  • Pie and mash, la comida obrera clásica.
  • Curry: la comunidad india hizo del chicken tikka masala casi un plato nacional. Brick Lane es la calle mítica.
  • Afternoon tea, caro pero es una experiencia.

Cómo moverte

El metro (el Tube) es la forma lógica de encadenar zonas. No compres billetes sueltos: paga con tarjeta contactless o el móvil directamente en los tornos, que aplica automáticamente la tarifa más barata del día.

Recuerda que el tráfico va por la izquierda: en muchos cruces del centro está pintado en el suelo "look right" precisamente por los turistas.

El error que arruina la visita

Ir al cambio de guardia sin comprobar el calendario. No se celebra todos los días y varía según la época del año y el tiempo. Mucha gente pierde una mañana entera plantada frente a la verja para nada.

El segundo error es pagar por museos cuando los mejores son gratis. Y el tercero, calcular mal las distancias: Londres parece manejable en el mapa del metro, pero ese mapa no respeta las escalas reales. Hay paradas entre las que se tarda menos andando.

Si te queda otro día

Greenwich, con el meridiano cero y el mercado, a media hora en barco por el Támesis. Camden Town y su mercado alternativo. Los estudios de Harry Potter en Leavesden, con reserva obligatoria. Y Windsor o Bath como excursión de día.