Granada es una ciudad que se organiza sola: todo gira alrededor de la hora que te den para entrar en la Alhambra. Ese dato manda sobre el resto del día, y conviene aceptarlo desde el principio en lugar de pelearse con él.
Lo demás —el Albaicín, la Catedral, el Sacromonte, las tapas— encaja alrededor. Y la buena noticia es que Granada es pequeña y todo queda cerca, aunque cuesta arriba: prepárate para subir y bajar cuestas todo el día.
Lo primero: las entradas de la Alhambra
Esto no es un consejo, es un requisito. La Alhambra limita el aforo diario y las entradas —sobre todo las de los Palacios Nazaríes, que llevan hora asignada— se agotan con semanas o meses de antelación en temporada alta.
Cómpralas solo en la web oficial. Hay muchísimas reventas que cobran comisiones altas por lo mismo, y algunas venden visitas guiadas que no incluyen los Palacios Nazaríes, que es justamente lo que has venido a ver.
Consejos sobre la franja horaria:
- Primera hora de la mañana: menos gente y mejor luz para el Generalife.
- Última de la tarde: la luz sobre los muros rojizos es espectacular, pero vas con el tiempo justo antes del cierre.
- La hora del billete es la de entrada a los Palacios Nazaríes, no al recinto: puedes entrar al resto antes.
La Alhambra: qué mirar
Reserva tres horas como mínimo. El conjunto tiene tres partes muy distintas:
La Alcazaba es la zona militar, la más antigua. Sube a la Torre de la Vela por las vistas: se ve la ciudad entera y, si hay suerte, Sierra Nevada nevada al fondo.
Los Palacios Nazaríes son el motivo por el que existe la Alhambra. El Patio de los Arrayanes, el Patio de los Leones y la Sala de los Abencerrajes, con su cúpula de mocárabes que parece una colmena de estalactitas, son de otro mundo. Fíjate en las paredes: lo que parece decoración abstracta son en realidad inscripciones repetidas miles de veces, buena parte de ellas el lema nazarí «Solo Dios es vencedor».
El Generalife era la finca de recreo de los sultanes, con huertas y jardines. Es la parte más agradable en verano y donde mejor se entiende la relación de esta arquitectura con el agua.
La curiosidad: cuando la Alhambra era una ruina okupada
Cuesta imaginarlo hoy, con sus millones de visitantes al año, pero la Alhambra estuvo a punto de desaparecer. Tras la conquista fue perdiendo función, sirvió de cuartel y llegó a usarse como prisión. Las tropas napoleónicas la ocuparon en 1812 y, al retirarse, volaron parte de las torres con explosivos.
A comienzos del siglo XIX el recinto estaba semiderruido y habitado por okupas, mendigos y contrabandistas. En 1829 se instaló allí a vivir un diplomático y escritor estadounidense, Washington Irving, que ocupó unas habitaciones del palacio y escribió Cuentos de la Alhambra, mezclando lo que veía con las leyendas que le contaban sus vecinos.
El libro fue un éxito enorme en Europa y Estados Unidos, y despertó tal fascinación romántica por el monumento que impulsó su restauración y protección. Dicho de otro modo: uno de los monumentos más visitados del mundo se salvó, en buena medida, porque un escritor pasó unos meses viviendo entre sus ruinas.
Media jornada: Catedral y Capilla Real
En el centro, a los pies de la colina, están la catedral de Granada y la Capilla Real. Si solo entras en una, que sea la Capilla Real: aquí están enterrados los Reyes Católicos, y bajo los mausoleos de mármol se pueden ver los sencillos ataúdes de plomo en la cripta. El contraste entre la ostentación de arriba y la austeridad de abajo dice bastante.
Al lado está la Alcaicería, lo que queda del antiguo zoco de la seda, hoy reconvertido en tiendas de recuerdos. Es pequeño y muy turístico, pero se cruza en cinco minutos y da idea de cómo era la trama comercial nazarí.
Tarde: el Albaicín
El Albaicín es el barrio antiguo musulmán, un laberinto de calles empinadas, cármenes con jardín tapiado y casas blancas. Súbelo despacio por la Carrera del Darro, que va junto al río y es una de las calles más bonitas de España, pasando por los restos de los baños árabes de El Bañuelo, del siglo XI.
El destino es el mirador de San Nicolás, con la vista clásica de la Alhambra con Sierra Nevada detrás. Va a estar lleno de gente, y aun así merece la pena. Si prefieres tranquilidad, el mirador de San Miguel Alto está más arriba y tiene mejores vistas con la décima parte de público.
Un detalle práctico: subir andando desde el centro cuesta unos 25 minutos de cuesta continua. Hay minibuses (líneas C31 y C32) que hacen el recorrido y son la mejor inversión del día si vas cansado o con calor.
Noche: las tapas y el Sacromonte
Granada mantiene una costumbre que ha desaparecido en casi toda España: con cada bebida te ponen una tapa gratis. Y no un plato de aceitunas: puede ser una ración de migas, un montadito de lomo o una porción de tortilla.
Cómo funciona en la práctica:
- La tapa no se elige en la mayoría de los sitios: te ponen la que toca. En algunos bares hay carta de tapas.
- Suele ir a mejor con cada ronda: la segunda y la tercera son mejores que la primera.
- Con tres o cuatro bebidas se cena perfectamente por muy poco dinero.
- Las zonas clásicas: Calle Navas, Campo del Príncipe y los alrededores de Plaza Nueva.
Si te queda cuerpo, el Sacromonte es el barrio de las cuevas excavadas en la ladera, cuna del flamenco de la zambra. Los espectáculos en cueva son pequeños y muy físicos; elige uno sin cena incluida y con aforo reducido.
Cómo moverte
Granada se camina, pero en cuesta. Calcula más tiempo del que dirían los mapas.
- Los minibuses rojos (C30, C31, C32, C34) son la solución para subir a la Alhambra, al Albaicín y al Sacromonte.
- Ir en coche al centro es mala idea: calles estrechas, muchas peatonales y cámaras de control de acceso.
- A la Alhambra se puede subir andando por la Cuesta de Gomérez: son 20 minutos de subida entre arboleda, bonita pero exigente.
El error más caro
Comprar entradas de la Alhambra a revendedores o llegar a Granada confiando en encontrarlas el mismo día. Hay una pequeña cantidad de entradas de última hora, pero contar con ellas es una apuesta que sale mal casi siempre. Si te quedas sin ellas, el Generalife y la Alcazaba se venden a veces por separado, y los Palacios Nazaríes de noche —visita nocturna, otra entrada distinta— suelen tener más disponibilidad y son una experiencia diferente y muy recomendable.
Si vuelves
Un día más da para el Monasterio de la Cartuja, con una sacristía barroca que deja sin palabras y casi sin visitantes; un baño en unos baños árabes modernos del centro; y, si es temporada, subir a Sierra Nevada, que está a media hora en coche y permite esquiar por la mañana y estar en la playa de la Costa Tropical por la tarde.