Segovia es la excursión perfecta de un día: está a 27 minutos en tren de alta velocidad desde Madrid, su casco histórico es pequeño y tiene tres monumentos de primerísima división a diez minutos andando unos de otros. Poca gente puede decir que ha visto un acueducto romano intacto, un alcázar de cuento y una catedral gótica en la misma mañana.

La ciudad está construida sobre un espolón rocoso entre dos ríos, así que el recorrido natural va cuesta abajo desde el acueducto hasta el alcázar. Hazlo en ese orden y ahorrarás piernas.

El acueducto: la entrada a la ciudad

El acueducto de Segovia es la obra de ingeniería romana mejor conservada de España y una de las mejores de Europa. Tiene 167 arcos, alcanza casi 29 metros de altura en la plaza del Azoguejo y se construyó probablemente a finales del siglo I o principios del II.

El dato que impresiona a todo el mundo: está hecho con bloques de granito encajados sin argamasa, sin ningún tipo de mortero o cemento. Se sostiene únicamente por el equilibrio de fuerzas y el propio peso de las piedras. Llevó agua a la ciudad desde la sierra —unos 15 kilómetros— hasta bien entrado el siglo XX.

Súbelo por las escaleras laterales para verlo desde arriba, a la altura del canal.

La curiosidad: el pacto con el diablo

La leyenda popular explica el acueducto de otra manera, y es de las mejores que hay en España.

Cuenta la tradición que una muchacha que tenía que subir cada día el agua desde el río, harta de la cuesta, maldijo su suerte y dijo que vendería su alma al diablo con tal de no volver a cargar cántaros. El diablo se le apareció y aceptó el trato con una condición: construiría una obra que llevara el agua hasta la ciudad, pero tenía que terminarla antes de que cantara el gallo al amanecer.

El diablo trabajó toda la noche colocando piedras. La muchacha, arrepentida, rezó pidiendo que no lo consiguiera. Al primer canto del gallo faltaba una sola piedra por colocar, así que el pacto quedó anulado y ella salvó su alma.

Los segovianos señalan el hueco donde debería ir esa piedra —en realidad, uno de los orificios que dejaron las tenazas con las que se izaron los bloques—. Y en 2019 se colocó una escultura del diablo haciéndose un selfie junto al acueducto, que generó bastante polémica en la ciudad.

Media mañana: la catedral y la Plaza Mayor

Subiendo por la calle Cervantes y la calle Juan Bravo —la arteria comercial del casco viejo— se llega a la Plaza Mayor, con soportales, terrazas y el Teatro Juan Bravo.

Allí está la catedral de Segovia, conocida como «la Dama de las Catedrales» por su silueta esbelta. Es una de las últimas catedrales góticas construidas en Europa: se empezó en 1525, cuando el Renacimiento ya dominaba el continente, lo que la convierte casi en un anacronismo. Se levantó para sustituir a la anterior, destruida durante la Guerra de las Comunidades.

Merece la pena entrar por el claustro —que se trasladó piedra a piedra desde la catedral antigua— y, si hay visita disponible, subir a la torre.

El alcázar: el castillo de cuento

El Alcázar de Segovia se alza en el extremo del espolón, sobre la confluencia de los ríos Eresma y Clamores, con una silueta de torres puntiagudas que parece dibujada.

Su aspecto actual debe mucho a una reconstrucción del siglo XIX tras un incendio devastador en 1862, que exageró las cubiertas de pizarra y le dio ese aire centroeuropeo. Se dice con frecuencia que inspiró el castillo de Blancanieves de Disney; la propia compañía nunca lo ha confirmado oficialmente, así que conviene tomárselo como lo que es: una atribución popular muy repetida.

Lo que sí es histórico: aquí fue proclamada reina Isabel la Católica en 1474, y fue residencia habitual de los reyes de Castilla.

Sube a la Torre de Juan II (152 escalones) para la mejor vista de la ciudad y de la sierra.

Comer: el cochinillo

Segovia es sinónimo de cochinillo asado, y el ritual incluye cortarlo con el borde de un plato para demostrar lo tierno que está, y romper después el plato contra el suelo.

Algunos apuntes útiles:

  • Es un plato muy contundente: si vas a seguir caminando toda la tarde, considéralo.
  • Los asadores clásicos del centro suelen requerir reserva, sobre todo fin de semana.
  • Otras opciones locales: los judiones de La Granja, el ponche segoviano de postre y el lechazo si prefieres cordero.

Tarde: las vistas desde fuera

Lo que muchos visitantes se pierden: la mejor vista de Segovia no está dentro de la ciudad, sino desde el valle. Baja desde el alcázar hacia el río y sigue el camino de la Fuencisla o la carretera de los Hoyos. Desde ahí se ve el espolón completo con el alcázar en la proa, como un barco de piedra.

De camino está la iglesia de la Vera Cruz, del siglo XIII, construida por la Orden del Santo Sepulcro con planta de doce lados, muy poco habitual en España.

Cómo moverte

  • Todo el casco histórico se hace andando, pero en cuesta.
  • El AVE desde Madrid-Chamartín tarda 27 minutos, pero la estación de Segovia-Guiomar está a 6 km del centro: hay autobús urbano que conecta con el acueducto.
  • El tren convencional tarda dos horas pero llega más cerca.
  • En coche, aparca fuera de las murallas: el centro tiene acceso restringido.

Un aviso sobre el clima

Segovia está a más de 1.000 metros de altitud y el invierno es muy frío: son habituales las heladas y no es raro ver nieve. En verano, en cambio, las noches refrescan. Consulta el tiempo y abriga más de lo que dirías por la fecha.

Si te sobra tarde

La Granja de San Ildefonso, a 11 km: el palacio de verano de los Borbones con unos jardines de estilo versallesco y fuentes monumentales que solo funcionan en días señalados —consulta el calendario, porque verlas en marcha es un espectáculo—. Y Pedraza, un pueblo amurallado a 35 km que en verano celebra sus famosas noches de las velas.