Tallin tiene uno de los cascos medievales mejor conservados del norte de Europa: murallas casi completas, torres cilíndricas con tejados cónicos, calles empedradas y edificios de gremios del siglo XV. Todo eso cabe en un recinto que se cruza andando en quince minutos.

Y al lado tiene la otra cara de Estonia: uno de los países más digitalizados del mundo, con barrios industriales reconvertidos en zonas creativas. Un día da para ambas.

La plaza del Ayuntamiento

La Raekoja plats es el centro de la ciudad vieja desde el siglo XIII. La preside el Ayuntamiento gótico, el único que queda en pie de ese estilo en el norte de Europa, coronado por la veleta de Vana Toomas (el viejo Tomás), el guardián simbólico de la ciudad desde 1530.

En una esquina está la Raeapteek, una farmacia que funciona desde 1422 y que está considerada la más antigua de Europa en activo en el mismo local. Se puede entrar: sigue vendiendo medicamentos y tiene una salita museo con remedios medievales bastante inquietantes (polvo de momia, sangre de erizo, cuerno de unicornio).

Las murallas y las torres

Tallin conserva casi dos kilómetros de muralla y veinte de sus torres originales. Varios tramos se pueden recorrer por el adarve.

Merece la pena buscar:

  • Fat Margaret (Margarita la Gorda), la torre-bastión de la puerta del puerto, con muros de casi cinco metros de grosor.
  • Kiek in de Kök, cuyo nombre en bajo alemán significa "mirar dentro de la cocina", porque desde su altura los guardias veían el interior de las casas. Da acceso a los túneles de los bastiones.
  • El Passage de Santa Catalina, un callejón medieval con talleres de artesanos trabajando cristal, cerámica y sombreros.

La curiosidad: el país que se puede gobernar desde el móvil

Estonia salió de la Unión Soviética en 1991 sin apenas infraestructuras y con un país que reconstruir. En vez de copiar sistemas existentes, decidió apostarlo todo a lo digital, y hoy es probablemente el estado más digitalizado del mundo.

Los números son llamativos: el 99% de los servicios públicos están disponibles en línea las 24 horas. Se puede constituir una empresa en unos 15 minutos, firmar cualquier contrato con la firma digital de la tarjeta de identidad y declarar impuestos en unos pocos minutos. Estonia fue el primer país en celebrar elecciones generales con voto por internet, en 2005.

Solo hay tres trámites que exigen presencia física: casarse, divorciarse y comprar una propiedad inmobiliaria. Todo lo demás se hace desde el ordenador o el móvil.

Además, Estonia inventó el concepto de e-Residency en 2014: cualquier persona del mundo puede solicitar una residencia digital estonia que le permite crear y gestionar una empresa en la Unión Europea sin vivir allí. Han pasado de 100.000 solicitantes de casi 180 países.

Y un detalle que casi nadie sabe: Skype se desarrolló en Tallin. El diseño y la programación original salieron de aquí, y la venta a eBay en 2005 inyectó una cantidad de dinero y de talento que impulsó todo el ecosistema tecnológico del país.

Por eso encontrarás wifi gratis prácticamente en cualquier parte —hasta en pleno bosque— y podrás pagar con tarjeta en el puesto más pequeño del mercado.

Toompea y los miradores

La ciudad vieja tiene dos niveles. Arriba está Toompea, la colina donde vivían los nobles y el poder, separada históricamente de la ciudad baja de los comerciantes.

Aquí están la Catedral Alexander Nevski, ortodoxa rusa de cúpulas de cebolla —construida en 1900 durante la rusificación zarista, motivo por el que a muchos estonios nunca les ha gustado—, y el Parlamento, en el castillo de Toompea.

Y sobre todo, los dos miradores:

  • Kohtuotsa: la vista clásica de los tejados rojos, las torres y los rascacielos modernos al fondo. En un muro hay una pintada famosa que dice "The Times We Had".
  • Patkuli: mira hacia el puerto y las murallas.

Ambos son gratuitos.

Kalamaja y Telliskivi

Fuera de las murallas, a diez minutos andando, está la otra Tallin.

Kalamaja es el antiguo barrio de pescadores, con casas de madera de colores de principios del siglo XX, muy fotogénico y con ambiente de barrio.

Al lado, Telliskivi Creative City: un complejo industrial soviético abandonado convertido en el centro creativo del país, con arte urbano, tiendas de diseño estonio, mercadillos, estudios y algunos de los mejores restaurantes de la ciudad.

Y más allá, el Lennusadam (Puerto de los Hidroaviones): un hangar de hormigón de 1917 que alberga un submarino de 1936 al que se puede entrar entero, hidroaviones y barcos. Es uno de los museos marítimos mejor montados de Europa.

Comer en Tallin

  • Sopa de solyanka o de setas del bosque.
  • Verivorst, morcilla estonia, típica de Navidad.
  • Kama, una mezcla de harinas tostadas que se toma con leche agria, sabor muy estonio.
  • Pan negro de centeno, presente en todas las comidas.
  • Vana Tallinn, el licor dulce y especiado de la ciudad.

En Telliskivi y en el mercado de Balti Jaam se come muy bien y a buen precio.

Cómo moverte y cuándo ir

Todo se hace a pie: la ciudad vieja es pequeña y peatonal, y Kalamaja está a diez minutos.

Estonia usa el euro, lo que simplifica. Y es de los países más baratos de la eurozona.

Los inviernos son largos, oscuros y muy fríos (fácilmente -15 °C), aunque la ciudad nevada es preciosa y tiene un mercado navideño estupendo. De mayo a septiembre el clima es agradable y en junio hay casi 19 horas de luz.

El error que arruina la visita

Quedarse solo dentro de las murallas. Es lo que hace la gente que llega en crucero desde Helsinki: ven la ciudad vieja en tres horas, compran un souvenir y se van pensando que Tallin es un decorado medieval. Kalamaja y Telliskivi enseñan el país real y están a diez minutos.

El otro error es visitarla los días de gran afluencia de cruceros: la ciudad vieja es diminuta y se satura enseguida.

Si te queda otro día

Helsinki, a dos horas en ferry cruzando el golfo de Finlandia. El Parque Nacional de Lahemaa, con bosques, ciénagas y mansiones bálticas. Y Tartu, la ciudad universitaria del país, a dos horas.