Vitoria-Gasteiz es la capital del País Vasco y una de las ciudades más habitables de España: verde, tranquila, limpia y peatonal, fue Capital Verde Europea en 2012. Tiene un casco medieval con forma de almendra perfectamente conservado, una catedral que inspiró a un novelista de éxito mundial y un anillo de parques que la rodea por completo. Menos visitada que San Sebastián o Bilbao, se disfruta sin agobios. Se ve muy bien en un día.
La Almendra Medieval
El casco antiguo de Vitoria se llama la Almendra por su forma ovalada, y es un conjunto medieval intacto: calles concéntricas que suben por una colina, con los nombres de los antiguos gremios (Cuchillería, Herrería, Zapatería, Correría).
Se recorre subiendo y bajando por sus cantones (callejones escalonados que conectan las calles paralelas). Aquí están los palacios renacentistas, las iglesias fortaleza y el ambiente más auténtico de la ciudad.
La curiosidad: la catedral que un novelista hizo famosa
La Catedral Vieja de Santa María, gótica del siglo XIV, protagonizó durante décadas una historia insólita: estuvo cerrada y en obras de restauración, apuntalada por dentro con andamios, porque amenazaba ruina. En vez de esconder las obras, Vitoria hizo lo contrario: abrió la restauración al público con el lema "Abierto por obras", permitiendo visitar la catedral entre andamios, con casco, y ver en directo cómo se salva un edificio medieval. La idea fue tan buena que se convirtió en modelo internacional de puesta en valor del patrimonio.
Pero su fama mundial llegó por otra vía: el escritor Ken Follett se inspiró en esta catedral y en su restauración para su novela Un mundo sin fin. Follett quedó tan ligado a la ciudad que tiene una estatua dedicada junto a la catedral. Hoy miles de lectores llegan a Vitoria buscando los escenarios de la novela, y las visitas guiadas "Los pilares de Vitoria" recorren la catedral siguiendo sus pasos.
La Virgen Blanca y Los Fueros
Bajando de la Almendra se llega a las dos grandes plazas:
- La Plaza de la Virgen Blanca, el corazón de la ciudad, presidida por un monumento a la batalla de Vitoria de 1813 (en la que las tropas aliadas derrotaron a los franceses de José Bonaparte). Es aquí donde cada 4 de agosto baja Celedón, un muñeco que desciende por una cuerda desde el campanario para abrir las fiestas.
- La Plaza de España (Los Fueros), neoclásica y porticada, obra del mismo tipo de urbanismo ordenado que las grandes plazas mayores.
Los murales y la ciudad pintada
Vitoria tiene uno de los mejores conjuntos de arte urbano de España: el Itinerario de los Muros (IMVG), una serie de grandes murales repartidos por el casco antiguo, cada uno pintado sobre una medianera y ligado a la historia del barrio donde está. Buscarlos es una forma perfecta de organizar el paseo. El de "El triunfo de Vitoria" y el de los oficios están entre los más celebrados.
El anillo verde y la Green Capital
Lo que hace única a Vitoria es su relación con el verde. La ciudad está rodeada por el Anillo Verde, un cinturón continuo de parques y zonas naturales recuperadas —humedales, bosques, prados— que se puede recorrer a pie o en bici y que casi la circunvala por completo.
En pleno centro, el parque de la Florida, un jardín botánico romántico del siglo XIX, y El Prado ofrecen sombra y calma. Vitoria tiene más metros de zona verde por habitante que casi cualquier ciudad europea, y se nota en la calidad de vida que respira.
Comer en Vitoria: pinchos y txikiteo
Como buena capital vasca, Vitoria tiene una cultura de barra excelente. La zona: la calle Cuchillería y el entorno de la plaza de la Virgen Blanca y la calle Eduardo Dato.
- Pinchos elaborados, muchos premiados en concursos.
- Perretxikos (setas de primavera), muy apreciadas aquí.
- Vainas y verduras de la huerta alavesa.
- Goxua, el postre típico vitoriano de nata, bizcocho y crema.
- Vinos de Rioja Alavesa, que empieza a pocos kilómetros.
El txikiteo —ir de bar en bar tomando pequeños vinos— es la costumbre local.
Cuándo ir
Vitoria está en una llanura interior a 525 metros y tiene un clima más frío y húmedo que la costa vasca: inviernos fríos, con nieblas, y veranos suaves. Lleva abrigo salvo en pleno verano.
La gran cita son las Fiestas de la Virgen Blanca (del 4 al 9 de agosto), con la bajada de Celedón, que llenan la ciudad de blusas y ambiente. Y el Festival de Jazz (julio), uno de los más veteranos de Europa.
Si te queda otro día
Bilbao, a 45 minutos, con el Guggenheim. Laguardia y las bodegas de la Rioja Alavesa, a media hora. San Sebastián, a una hora larga. Y el Santuario de Estíbaliz o el pueblo medieval de Peñacerrada para una escapada rural.