Ponerse enfermo fuera de casa es incómodo en Europa y puede ser un problema serio en destinos remotos. La mayor parte de lo que pasa en un viaje es evitable o se resuelve con una bolsita de veinte centímetros bien preparada.
Esta guía es orientativa y no sustituye el consejo de un profesional sanitario. Para vacunas y tratamientos, la referencia es tu médico o un Centro de Vacunación Internacional.
El botiquín básico
Cabe en una bolsa pequeña y sirve para el 90% de los imprevistos:
Medicamentos
- Analgésico y antitérmico (paracetamol, ibuprofeno).
- Antidiarreico y, más importante, sales de rehidratación oral.
- Antihistamínico para alergias y picaduras.
- Antiácido o protector gástrico.
- Lo que tomes habitualmente, en cantidad suficiente para todo el viaje más unos días de margen.
Material de cura
- Tiritas de varios tamaños y apósitos para ampollas.
- Gasas estériles, esparadrapo y una venda.
- Antiséptico (clorhexidina en monodosis o toallitas).
- Tijeras pequeñas y pinzas (en la maleta facturada; en cabina las retiran).
- Termómetro digital.
Protección
- Protector solar de factor alto y aftersun.
- Repelente de insectos adecuado al destino.
- Gel hidroalcohólico.
Ajusta la lista al viaje: una ruta de montaña pide más material de ampollas; un destino tropical, más repelente y protección solar.
Cómo llevarlo sin problemas en el aeropuerto
- Los medicamentos líquidos en cabina están sujetos al límite de 100 ml, salvo que sean tratamientos necesarios durante el vuelo: en ese caso se permiten cantidades mayores declarándolos en el control y con receta o informe médico.
- Lleva los medicamentos en su envase original con el prospecto. Aduanas de algunos países pide justificar qué son.
- Si usas jeringuillas, inhaladores o material similar, viaja con informe médico en inglés.
- Reparte el tratamiento imprescindible entre la maleta de mano y la facturada, por si una se pierde.
- Comprueba que tu medicación no esté restringida en el destino: fármacos habituales en España (algunos analgésicos con codeína, ciertos ansiolíticos o estimulantes) están controlados o prohibidos en países como Japón, Emiratos o Singapur.
Vacunas según el destino
Se dividen en tres grupos:
Las que deberías tener al día siempre, viajes aparte: tétanos-difteria, triple vírica, y las que te correspondan por edad o situación.
Las recomendadas según destino: hepatitis A y B, fiebre tifoidea, rabia, encefalitis japonesa, meningitis o cólera, dependiendo del país, la duración y el tipo de viaje. Alojarse en zonas rurales o viajar muchos meses cambia la recomendación respecto a una semana de hotel urbano.
Las obligatorias para entrar: la fiebre amarilla es el caso principal. Varios países la exigen con certificado internacional, sobre todo si procedes de una zona endémica. Sin ese certificado te pueden denegar la entrada.
Además está la malaria, que no tiene vacuna de viajero de uso general y se previene con profilaxis en pastillas, prescrita según la zona concreta y la resistencia local.
Pide cita en un Centro de Vacunación Internacional con 4-8 semanas de antelación. Algunas pautas necesitan varias dosis separadas en el tiempo y no se pueden improvisar.
La tarjeta sanitaria europea y el seguro
Dentro de la Unión Europea, más Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza, la Tarjeta Sanitaria Europea (TSE) te da acceso a la sanidad pública en las mismas condiciones que un residente. Es gratuita, se solicita online en la Seguridad Social y conviene llevarla siempre.
Lo que la TSE no cubre: sanidad privada, repatriación, rescate en montaña o mar, ni el copago que exista en ese país. Y fuera de esa zona, no sirve de nada.
Por eso un seguro de viaje con cobertura médica y repatriación sigue siendo necesario en cualquier destino lejano. Comprueba que cubra las actividades que vas a hacer: buceo, esquí, trekking de altura y moto suelen estar excluidos salvo con ampliación.
La curiosidad: por qué el agua del grifo te sienta mal en unos sitios y no en otros
La llamada "diarrea del viajero" afecta a una proporción muy alta de quienes viajan a destinos tropicales o subtropicales, y la explicación popular —"el agua está sucia"— es incompleta.
En muchos casos el agua no está contaminada en sentido estricto: simplemente contiene una flora bacteriana distinta de aquella a la que tu intestino está acostumbrado. Las cepas locales de E. coli son inofensivas para los residentes, que las han encontrado toda la vida y tienen inmunidad adquirida, pero tu sistema no las reconoce. El agente más frecuente es precisamente una E. coli enterotoxigénica.
Eso explica una observación que desconcierta a mucha gente: los habitantes del lugar beben esa agua sin problema, y no es porque tengan "el estómago más fuerte" en un sentido vago, sino por inmunidad específica adquirida a lo largo de años. Y explica también por qué un residente español que pasa un año fuera puede volver y encontrarse mal con su propia agua de siempre: la inmunidad se pierde.
De ahí salen las precauciones clásicas, que tienen todas la misma lógica:
- Agua embotellada con el precinto intacto, o tratada. También para lavarse los dientes.
- Sin hielo, porque suele hacerse con agua del grifo y la congelación no mata las bacterias.
- Fruta que puedas pelar tú mismo.
- Comida caliente y recién hecha, mejor que un bufé templado. Un puesto callejero con mucha rotación y cocinado delante de ti suele ser más seguro que un restaurante con comida en espera.
- Cuidado con las ensaladas crudas, lavadas con agua del grifo.
Y el tratamiento que de verdad importa: en la mayoría de los casos el cuadro se resuelve solo en dos o tres días, y lo peligroso no es la infección sino la deshidratación. Por eso las sales de rehidratación oral son el elemento más valioso del botiquín, muy por encima del antidiarreico. El antidiarreico alivia el síntoma y permite coger un autobús, pero si hay fiebre alta o sangre, hay que ver a un médico y no tomarlo.
Otros riesgos habituales
- Golpe de calor: bebe antes de tener sed, evita el sol de mediodía y lleva sombrero. En destinos que superan los 40 grados no es un consejo menor.
- Mal de altura: por encima de los 2.500-3.000 metros (Cusco, La Paz, Himalaya). Sube despacio, hidrátate, evita el alcohol los primeros días y consulta si te conviene profilaxis.
- Picaduras: en zonas con dengue, malaria o zika, el repelente y la ropa de manga larga al amanecer y al atardecer son la mejor protección.
- Sol: se quema más de lo que uno cree en alta montaña, en el agua y en la nieve.
- Jet lag: se lleva mejor ajustando el horario desde el primer día y buscando luz natural por la mañana.
Qué hacer si enfermas fuera
- Llama a la asistencia de tu seguro antes de acudir a un centro privado. Casi todas las pólizas exigen autorización previa y muchas tienen centros concertados donde no adelantas dinero.
- En la UE, presenta la TSE en un centro público.
- Guarda todas las facturas e informes médicos para reclamar el reembolso.
- Si es grave, contacta con el consulado español, que puede ayudar con la localización de centros y con la comunicación familiar.
- Ten anotados en el móvil el número de emergencias local (el 112 funciona en toda la UE) y el teléfono 24 horas de tu seguro.
Prepara el botiquín según el viaje real
Un fin de semana en Roma y tres semanas por el sudeste asiático no piden el mismo botiquín, ni las mismas vacunas, ni la misma antelación.
Cuéntale tu viaje al asistente y te preparará el plan día a día con checklist de equipaje y de preparativos adaptado al destino y a la época. Puedes ver cómo queda un plan terminado en los viajes de ejemplo.
Antes de cerrar la maleta
Pide cita para las vacunas con al menos un mes de antelación, solicita la tarjeta sanitaria europea si viajas por Europa, revisa que tu seguro cubra lo que vas a hacer, y mete las sales de rehidratación. Es lo que marca la diferencia entre un mal día y un viaje estropeado.