Mucha gente pasa por Palma camino de una cala o de un hotel de la costa y no le dedica ni una tarde. Es un error: Palma tiene uno de los cascos antiguos más bonitos del Mediterráneo, con calles estrechas de piedra dorada, patios señoriales escondidos y una catedral que es de las más impresionantes de España.

Y es muy cómoda para un día: el centro histórico es pequeño, llano y está pegado al mar.

La catedral de la Seu

La catedral de Santa María, conocida como la Seu, se levanta justo sobre la muralla marítima, y esa ubicación lo cambia todo: cuando el estanque del Parc de la Mar está en calma, el edificio entero se refleja en el agua con el mar de fondo.

Es gótica, con una de las naves más altas de Europa (44 metros), y tiene dos intervenciones modernas que la hacen única:

Gaudí trabajó aquí entre 1904 y 1914. Suyo es el baldaquino sobre el altar mayor, una estructura suspendida y algo desconcertante, y el traslado del coro, que abrió la visión de la nave central.

Miquel Barceló cubrió en 2007 la capilla del Santísimo con una obra de cerámica de 300 metros cuadrados, con peces, panes y frutos que parecen emerger del muro. Genera opiniones encontradas y por eso mismo merece verse.

La curiosidad: el ocho de luz

La Seu tiene uno de los rosetones góticos más grandes del mundo —casi 13 metros de diámetro, con más de mil piezas de vidrio— al que llaman «l'ull del gòtic», el ojo del gótico.

Dos veces al año ocurre algo que llena la catedral de madrugada. El 2 de febrero y el 11 de noviembre, hacia las 8 de la mañana, el sol entra por el rosetón mayor y proyecta su imagen justo debajo del rosetón de la fachada opuesta, de modo que los dos círculos —el real y el proyectado— quedan alineados verticalmente formando un ocho.

El fenómeno depende por completo del cielo: si está nublado, no hay espectáculo. La catedral abre en horario especial esos días y se llena de gente esperando en silencio a ver si sale el sol. Hay quien lo ha intentado tres años seguidos sin suerte.

Al lado: la Almudaina y el Born

Pegado a la catedral está el Palacio Real de la Almudaina, antigua alcazaba musulmana convertida en residencia de los reyes de Mallorca. Sigue siendo residencia oficial de la Familia Real para actos en la isla, y se visita cuando no hay agenda institucional.

Desde ahí, sube al Paseo del Born, la avenida arbolada que hace de eje del centro, y piérdete por las calles de alrededor: La Lonja, la antigua lonja de mercaderes del siglo XV con sus columnas helicoidales, y el barrio de Sa Calatrava, el más tranquilo y con más carácter.

Los patios escondidos

Es lo que menos aparece en las guías rápidas y de lo que más se disfruta. Palma conserva más de un centenar de patios señoriales (patis) en las casas nobles del casco antiguo, con arcadas, escaleras de piedra y pozos.

Muchos tienen el portón abierto durante el día y se puede asomar la cabeza desde la calle sin entrar. Los más bonitos están en las calles Can Savellà, Portella y Almudaina. Es un paseo gratuito y sin colas que da una idea muy real de cómo era la ciudad hace siglos.

Comer en Palma

  • Ensaimada, el bollo en espiral con manteca, que existe lisa o rellena de cabello de ángel. Se vende en cajas octogonales para llevar.
  • Pa amb oli, pan moreno con tomate de ramallet, aceite y lo que se le añada.
  • Sobrasada de cerdo negro mallorquín, y frit mallorquí si te van las casquerías.
  • Tumbet, el pisto isleño con patata, berenjena y pimiento.
  • Vinos de Binissalem y Pla i Llevant, las dos denominaciones de la isla.

Para tapear, el Mercat de l'Olivar y el barrio de Santa Catalina —antiguo barrio de pescadores hoy lleno de bares— son mejores apuestas que el paseo marítimo.

Tarde: el castillo de Bellver

El castillo de Bellver, del siglo XIV, es una rareza arquitectónica: uno de los pocos castillos de planta circular de Europa, rodeado por un foso y con un patio interior de dos alturas.

Está sobre una colina boscosa a 3 km del centro, y desde sus terrazas se ve la bahía entera, el puerto y la catedral. Se sube en autobús, en taxi o andando (unos 30-40 minutos de subida entre pinos). Al atardecer es el mejor mirador de la ciudad.

Cómo moverte

  • El casco antiguo se recorre entero a pie; es llano salvo alguna cuesta suave.
  • El autobús urbano (EMT) cubre bien la ciudad; hay línea al aeropuerto muy barata.
  • El tren de Sóller, un tren de madera de 1912, sale del centro de Palma: si te sobra medio día, es de las excursiones más bonitas de la isla.
  • Ir en coche al centro es incómodo: aparca en un parking del perímetro.

Lo que conviene tener en cuenta

Julio y agosto son el peor momento: mucho calor, ciudad saturada de cruceristas y precios altos. Mayo, junio, septiembre y octubre son claramente mejores, con el mar todavía templado.

Si llegas en crucero, el puerto está a unos 20-25 minutos andando de la catedral o un trayecto corto en autobús. Da tiempo de sobra a ver el casco antiguo en una escala.

Si te quedas en la isla

La Serra de Tramuntana, Patrimonio de la Humanidad, con Valldemossa y Deià; el pueblo de Sóller y su puerto; y las calas del este si buscas playa. Palma es una buena base: casi toda la isla queda a menos de una hora en coche.