Aranjuez es el Versalles español: un Real Sitio a 50 kilómetros de Madrid donde los reyes de la casa de Austria y de Borbón crearon un conjunto de palacio y jardines de una belleza tal que la Unesco lo declaró Paisaje Cultural Patrimonio de la Humanidad. Rodeada por el Tajo y el Jarama en pleno secano castellano, es un oasis verde, célebre por sus fresas, sus espárragos y por el concierto que Joaquín Rodrigo dedicó a sus jardines. Se ve muy bien en un día desde Madrid.

El Palacio Real

El Palacio Real de Aranjuez es la residencia primaveral de los reyes españoles desde el siglo XVI. Felipe II encargó el proyecto a los arquitectos de El Escorial, Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera, pero el edificio se fue completando durante siglos hasta el reinado de Carlos III.

Se visita el interior, un despliegue de salones decorados con una riqueza deslumbrante. Los imprescindibles: el Gabinete de Porcelana (una sala enteramente revestida de porcelana del Buen Retiro, con figuras en relieve), el Salón de Espejos, el Salón del Trono y el Salón de Fumar de estilo árabe inspirado en la Alhambra. La entrada permite hacerse una idea completa del lujo cortesano español.

La curiosidad: el motín que cambió la historia de España

Aranjuez no es solo jardines y placidez: aquí ocurrió uno de los episodios más decisivos de la historia de España, el Motín de Aranjuez de marzo de 1808.

El rey Carlos IV y su valido Godoy se encontraban en el palacio cuando estalló una revuelta popular y militar contra Godoy, al que se culpaba de la desastrosa política que había traído a las tropas de Napoleón a España. El motín —posiblemente instigado por los partidarios del príncipe Fernando— forzó la caída de Godoy y, dos días después, la abdicación de Carlos IV en favor de su hijo Fernando VII.

Aquel golpe abrió la puerta a la intervención de Napoleón, que aprovechó el enfrentamiento entre padre e hijo para llamarlos a Bayona, quedarse con la corona y colocar a su hermano José en el trono. El resultado fue el levantamiento del 2 de mayo y la Guerra de la Independencia. Es decir: en los tranquilos jardines de Aranjuez se encendió, sin quererlo, la mecha que llevó a España a una de las guerras más sangrientas de su historia. Hay una recreación histórica del motín cada septiembre.

Los Jardines de la Isla y del Parterre

Junto al palacio, el Jardín del Parterre, de estilo francés, geométrico y con fuentes, da la bienvenida.

El Jardín de la Isla, el más antiguo, ocupa una isla formada por el Tajo y un canal. Es un jardín de setos, estatuas mitológicas y fuentes barrocas (la de Hércules, la de Baco, la de Apolo), a la sombra de árboles centenarios, con el rumor del río de fondo. Fue aquí, paseando, donde el compositor ciego Joaquín Rodrigo se inspiró para su célebre Concierto de Aranjuez, la pieza de guitarra española más conocida del mundo.

El Jardín del Príncipe y la Casa del Labrador

Al otro lado, el Jardín del Príncipe es el más extenso (150 hectáreas), un enorme parque paisajista con estanques, embarcadero, árboles exóticos traídos de América y rincones románticos. Se recorre andando o en un trenecito turístico.

En su interior está la Casa del Labrador, un pequeño palacio de recreo de Carlos IV que, pese a su nombre modesto, es una joya de lujo neoclásico, con salas decoradas con una minuciosidad extraordinaria: mármoles, sedas, relojes y un gabinete de platino único. Merece mucho la pena.

El casco urbano y el tren de la Fresa

El pueblo de Aranjuez fue trazado en el siglo XVIII con un plano en cuadrícula ilustrado, con amplias avenidas y plazas como la Plaza de San Antonio, porticada, y edificios como la Iglesia de Alpajés, el Teatro Real Carlos III y las Casas de Oficios.

Una forma clásica y encantadora de llegar desde Madrid es el Tren de la Fresa, un tren histórico con vagones de madera de época que funciona los fines de semana de primavera y otoño, con azafatas de época repartiendo fresas de Aranjuez. Reproduce la línea inaugurada en 1851, la segunda de España.

Comer en Aranjuez

La huerta de Aranjuez es célebre desde época real:

  • Fresas y fresones de Aranjuez, el producto estrella (primavera).
  • Espárragos de la vega, tiernos y muy apreciados.
  • Faisán a la aranjuecina y perdiz, herencia de la caza real.
  • Repostería: la tarta de fresa y las fresas con nata.

Cuándo ir

Aranjuez luce especialmente en primavera (jardines en flor, fresas de temporada, buen tiempo) y en otoño, cuando los árboles de los jardines paisajistas se tiñen de colores. El verano puede ser muy caluroso, aunque los jardines dan sombra; el invierno es frío.

Evita los lunes, cuando algunos espacios cierran, y consulta los horarios del Tren de la Fresa si quieres esa experiencia. En septiembre, las Fiestas del Motín, con recreación histórica, son un buen momento.

Si te queda otro día

Chinchón, a 25 minutos, con su plaza mayor porticada única. Toledo, a 45 minutos, la ciudad de las tres culturas. Y Madrid, a 45 minutos en tren o coche, con todos sus museos y palacios.