San Sebastián es una ciudad pequeña con una autoestima enorme, y en cuanto llegas entiendes por qué: una bahía casi circular con una playa urbana que sale en todas las listas de las mejores de Europa, dos montes que la enmarcan y una densidad de estrellas Michelin por habitante que no tiene rival en el mundo.
Para un día es casi el destino perfecto: todo está a distancia de paseo y el plan se organiza solo alrededor de dos cosas, la bahía y la comida.
La bahía: el paseo que define la ciudad
Empieza por el paseo de La Concha, con su barandilla blanca de hierro forjado —un motivo tan icónico que se vende en forma de joyas y llaveros por toda la ciudad—. La playa dibuja un arco casi perfecto entre el monte Urgull y el monte Igueldo, con la isla de Santa Clara en el centro.
Camina el paseo entero, desde el Ayuntamiento hasta el final de Ondarreta, la playa contigua. Al fondo está el Peine del Viento, tres esculturas de acero de Eduardo Chillida ancladas en las rocas frente al mar abierto. Ve con marea alta y viento: unos respiraderos en la plataforma lanzan chorros de agua y aire cuando rompen las olas, y la escultura deja de ser un objeto para convertirse en algo que suena.
Subir arriba: Igueldo o Urgull
Para la foto clásica de la bahía hay dos opciones.
El monte Igueldo, al oeste, se sube en un funicular de 1912 que sigue funcionando con los vagones originales de madera. Arriba hay un parque de atracciones antiguo, algo destartalado y con mucho encanto, y el mirador con la vista postal de La Concha.
El monte Urgull, en el otro extremo, se sube andando en veinte minutos desde la Parte Vieja. Es gratis, está coronado por el castillo de la Mota y una gran estatua del Sagrado Corazón, y las vistas son igual de buenas mirando hacia el otro lado.
Si vas justo de tiempo: Igueldo tiene la vista más famosa, Urgull la más tranquila.
La curiosidad: los txokos, clubes donde se cocina a puerta cerrada
Donostia tiene una institución que sorprende a quien la descubre: las sociedades gastronómicas o txokos. Son clubes privados —hay más de un centenar en la ciudad— donde los socios entran con su llave, cocinan ellos mismos y comen juntos.
El funcionamiento se basa en la confianza: la despensa y la bodega están abiertas, cada uno coge lo que necesita y apunta en una libreta lo que ha consumido para pagarlo después. No hay camareros ni caja.
Nacieron en el siglo XIX como espacios de sociabilidad masculina y durante mucho tiempo las mujeres no podían entrar, o solo en fechas concretas y sin acceso a la cocina. Esa norma ha ido cayendo en la mayoría de sociedades en las últimas décadas, aunque el debate ha sido largo y en algunas ha durado hasta hace muy poco.
No se puede entrar sin ser socio ni ir invitado por uno, así que no es algo que puedas visitar. Pero explica bastante sobre por qué en esta ciudad la cocina no es solo cosa de restaurantes.
Mediodía y noche: la ruta de pintxos
La Parte Vieja concentra una de las mayores densidades de bares de barra del mundo. Cómo se hace bien:
- Uno o dos pintxos por bar y a otro sitio. Quedarse toda la noche en el mismo local es de forastero.
- Cada bar tiene su especialidad: en uno la tortilla, en otro la txuleta, en otro el hongo a la plancha con yema.
- Muchos pintxos están en la barra, pero los mejores se piden calientes de la pizarra.
- La bebida típica es el txakoli (escanciado desde alto) o un zurito.
Clásicos que no fallan: la gilda, la txuleta, el bacalao, el foie a la plancha y, si lo encuentras, la tarta de queso al horno estilo donostiarra, que se ha copiado en medio mundo.
Si prefieres sentarte, la ciudad tiene una concentración altísima de restaurantes de alta cocina, pero requieren reserva con mucha antelación y no encajan en un plan de un día.
Tarde: el Kursaal y la playa de Gros
Cruza el río Urumea por el puente del Kursaal hacia el barrio de Gros. Los dos cubos de vidrio traslúcido del Kursaal, de Rafael Moneo, se iluminan al anochecer y son la imagen moderna de la ciudad.
Detrás está la playa de la Zurriola, con olas y ambiente de surf, mucho más joven y desenfadada que La Concha. Gros es además el barrio donde muchos donostiarras prefieren hoy salir de pintxos, con menos turistas y precios algo mejores.
Cómo moverte
San Sebastián se recorre entera andando: de un extremo a otro de la bahía hay unos 40 minutos de paseo llano.
- El funicular de Igueldo sale cada 15 minutos.
- Los autobuses urbanos (dbus) cubren bien la ciudad si te cansas.
- Ir en coche al centro es incómodo: aparcamiento escaso y caro. Usa un parking disuasorio.
Errores que conviene evitar
Ir en agosto sin reserva de alojamiento. Es de los destinos más caros y demandados de España en verano, y coincide con la Semana Grande y con el Festival de Cine (septiembre), cuando la ciudad se llena entera.
Contar con buen tiempo. Aquí llueve, y bastante, también en verano. Lleva chubasquero y ten un plan B de interior; no arruina el viaje, pero pillarse desprevenido sí.
Cenar tarde sin más. Los bares de pintxos llenan la barra a partir de las 20:00 y muchos retiran la comida cuando se acaba. Si llegas a las 23:00 encontrarás mucho menos.
Con más tiempo
Pasaia, un pueblo pesquero a 20 minutos con una bocana estrecha que se cruza en barca. Hondarribia, junto a la frontera francesa, con un casco amurallado precioso. Y una excursión a Getaria, cuna de Elcano y del txakoli, con el museo Balenciaga en el pueblo natal del modisto.