Valladolid fue capital de España, aunque solo cinco años (1601-1606), y estuvo a punto de serlo para siempre. Aquí murió Colón, aquí nació Felipe II, aquí vivió Cervantes cuando publicó el Quijote y aquí se firmó buena parte de la historia del Siglo de Oro. Es una ciudad de interior, señorial y algo infravalorada, con dos activos difíciles de igualar: el mejor museo de escultura de España y una cultura del vino que la rodea por todos lados.

El centro es llano y compacto; se ve bien en un día.

La Plaza Mayor

La Plaza Mayor de Valladolid, de 1561, es la primera plaza mayor regular y porticada de España, el modelo que después copiarían Madrid, Salamanca y decenas de ciudades más.

Nació tras un incendio que arrasó el centro medieval: se reconstruyó siguiendo un plan geométrico unificado, con soportales y fachadas iguales, una idea revolucionaria para la época. Preside el ayuntamiento y en el centro está la estatua del conde Ansúrez, fundador de la ciudad.

El Museo Nacional de Escultura

Es la razón por la que mucha gente viene a Valladolid, y con motivo: el Museo Nacional de Escultura reúne la mejor colección de imaginería policromada española, instalada en el Colegio de San Gregorio, un edificio de finales del siglo XV cuya fachada plateresca es una obra maestra en sí misma.

Aquí están las tallas de Gregorio Fernández, Alonso Berruguete y Juan de Juni, con un realismo y una carga emocional que impresionan aunque no te interese la temática religiosa: rostros llorando, músculos en tensión, telas talladas como si fueran de verdad. Reserva hora y media.

La curiosidad: dos hitos mundiales que nadie asocia con la ciudad

Valladolid tiene dos primicias históricas de alcance mundial que resultan sorprendentes para una ciudad castellana de interior.

La primera: aquí se celebró, entre 1550 y 1551, la Controversia de Valladolid, el primer gran debate de la historia sobre los derechos humanos. Bartolomé de las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda discutieron ante una junta de teólogos si los indígenas de América tenían alma y derechos, o si podían ser sometidos por la fuerza. No hubo un vencedor claro, pero el mero hecho de que una potencia se detuviera a debatir la legitimidad de su propia conquista no tenía precedentes.

La segunda: en el Cementerio del Carmen de Valladolid está el primer horno crematorio de España, y aquí funcionó tempranamente la incineración civil; pero más recordado es que la ciudad tuvo uno de los primeros alumbrados y tranvías del país. La historia local está llena de estos "primeros" que casi nadie asocia con Valladolid.

La catedral inacabada y la Antigua

La catedral de Valladolid es célebre por lo que no es: Juan de Herrera, el arquitecto de El Escorial, proyectó en el siglo XVI una catedral colosal que habría sido la mayor de Europa. Solo se construyó una parte y las obras se abandonaron por falta de dinero. Lo que hoy se ve es apenas la mitad del plan original, con una torre que se derrumbó en 1841. Se sube a lo que queda de ella para tener vistas.

A cien metros está la Iglesia de la Antigua, románica y gótica, con una de las torres más bonitas de Castilla, y detrás la Universidad, con una fachada barroca espectacular.

La Casa de Cervantes y Colón

Cervantes vivió en Valladolid entre 1604 y 1606, y su casa se conserva como Casa de Cervantes, un museo que recrea el ambiente doméstico de la época con mobiliario del Siglo de Oro. Fue aquí donde vivió durante la publicación de la primera parte del Quijote.

También murió aquí Cristóbal Colón, en 1506, pobre y olvidado; hay una Casa Museo de Colón que repasa los viajes y la figura del navegante.

Comer y beber en Valladolid

Valladolid es una de las mejores ciudades de tapeo de España y sede del Concurso Nacional de Pinchos, que se celebra aquí cada noviembre. Los bares compiten con miniaturas de alta cocina.

  • Lechazo asado de la tierra de Campos, con denominación propia.
  • Pinchos creativos en la zona de la calle Correos y la plaza del Val.
  • Torreznos de Soria y embutidos castellanos.

Y sobre todo, vino: Valladolid está rodeada de cinco denominaciones de origen —Ribera del Duero, Rueda, Cigales, Toro y Tierra de León—, un caso único en España. Muchas bodegas están a menos de media hora.

Cuándo ir y qué llevar

Clima de meseta: frío en invierno, caluroso y seco en verano. Primavera y otoño son lo ideal.

Dos citas fuertes: la Semana Santa, de Interés Turístico Internacional, que saca a la calle las tallas de los grandes imagineros que el resto del año están en los museos —verlas en procesión es otra experiencia—; y la Seminci (octubre), la Semana Internacional de Cine, uno de los festivales de cine más prestigiosos de España.

Si te queda otro día

Rutas de bodegas por la Ribera del Duero (Peñafiel, con su castillo y el Museo del Vino) o Rueda, ambas a media hora. Tordesillas, donde se firmó el tratado que repartió el mundo entre España y Portugal. Y Medina del Campo, con el castillo de la Mota.